La ratificación del programa y la caída del riesgo país a 514 puntos generan un clima favorable, aunque los analistas advierten que la clave será la acumulación de reservas y la capacidad de emitir deuda.
La semana financiera comienza bajo un clima de optimismo en los mercados, impulsado por una nueva baja del riesgo país, que cerró la semana pasada en los 514 puntos básicos. La aprobación de la segunda revisión por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) resulta clave para sostener esta tendencia, aunque persisten los desafíos estructurales. Durante lo que va del año, los períodos de euforia ante las buenas noticias del exterior han sido breves: cada vez que el indicador perfora el piso de los 500 puntos, los inversores comienzan a anticipar un rebote al alza.
Desde la consultora Adcap señalaron que el principal desafío de la gestión económica actual radica en expandir las reservas netas del Banco Central, que todavía permanecen en terreno negativo.
«La aprobación de la segunda revisión debería ser positiva para los bonos soberanos, ya que reduce la incertidumbre de corto plazo sobre el programa y confirma el respaldo continuo del FMI», explicaron desde la firma.
Sin embargo, advirtieron que la variable que verdaderamente observa el mercado es «la velocidad con la que las autoridades puedan acumular reservas manteniendo la flexibilidad cambiaria y evitando una volatilidad excesiva de tasas». En este sentido, el desembolso es leído más como un aval político al mix de políticas oficiales que como una solución definitiva.
Por su parte, el analista financiero Nau Bernués planteó que la consolidación de la baja de tasas depende directamente de una salida exitosa al mercado internacional. «La suba en la calificación de Fitch, el desembolso del FMI y el récord comercial son factores que, en teoría, deberían haber reducido significativamente el riesgo país. Sin embargo, no ocurrió», analizó.
Para Bernués, la experiencia de otros mercados emergentes sugiere un cambio en el orden de los factores: «Primero se necesita una colocación exitosa en el exterior, con un libro de órdenes sobreofertado, y después de ese paso, los spreads tienden a ajustarse y el riesgo país a bajar de manera más consistente».
Un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI) detalló que la dinámica positiva ya se había manifestado en las últimas ruedas de la semana anterior. Si bien el contexto global ayudó gracias a las señales de desescalada en Medio Oriente, el mercado local contó con varios motores propios:
- La aceleración en el ritmo de compras de divisas por parte del BCRA.
- Datos favorables de actividad económica y la ratificación del rumbo fiscal.
- El anuncio de una nueva reducción de retenciones.
Como resultado, los bonos Globales argentinos registraron subas de entre el 0,4% y el 1,6%, con un desempeño destacado en el tramo largo de la curva de vencimientos.
Con la tasa del bono del Tesoro de los Estados Unidos en un 4,56%, el nivel actual del riesgo país ubica el costo de endeudamiento para la Argentina en torno al 10%, un umbral cercano al necesario para concretar una emisión internacional. Hasta el martes pasado, el indicador se ubicaba en los 550 puntos.
No obstante, desde la consultora 1816 recordaron que esta mejora no ha logrado sostenerse en el tiempo. La firma subrayó que, al acercarse a la zona de tasas del 9%, el perfil de riesgo y retorno de los activos locales comienza a lucir asimétrico para los inversores. «En lo que va de 2026 los Globales argentinos estuvieron tres veces operando cerca de la zona de 9% de tasa y las tres veces, por distintos motivos, se alejaron de ahí», concluyó el informe, señalando que las proyecciones iniciales que preveían una colocación de deuda en el exterior durante el primer semestre aún no se han materializado.


