El acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha generado malestar en Israel, donde se considera que el pacto beneficia a Teherán y debilita la posición de Jerusalén en la región. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se enfrenta a una crisis de credibilidad y a una relación cada vez más tensa con la administración de Donald Trump.
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha desatado un profundo malestar en Israel, donde se considera que el pacto beneficia a Teherán y debilita la posición de Jerusalén en la región. El acuerdo, rubricado el jueves por el presidente norteamericano y el iraní, recoge el cese de las hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento gradual del bloqueo naval sobre Irán y una negociación de 60 días para abordar los dos grandes asuntos pendientes: el futuro del programa nuclear iraní y el régimen de sanciones que pesa sobre la república islámica.
Netanyahu ha evitado enfrentarse públicamente a Trump, pero ha utilizado a ministros, diputados, comentaristas y figuras próximas al bloque gubernamental para expresar su malestar. Sin embargo, el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, ha advertido a Israel que no debe atacar a su único aliado poderoso en el mundo y ha recordado que dos tercios de las armas defensivas que han protegido a Israel han sido fabricadas por manos estadounidenses con el dinero de los contribuyentes estadounidenses.
La indignación en Israel ha dejado de expresarse en términos puramente técnicos y ha comenzado a manifestarse en términos más personales, con voces del entorno de Netanyahu que han llamado a Trump «perdedor» y a Vance «canalla». La analista Sima Shein, exfuncionaria del Mossad y experta en Irán, considera que el problema de fondo es que Washington parece estar aceptando un marco regional en el que Irán pasa a ser un actor central, lo que deja a Israel en una posición más débil.
El acuerdo ha golpeado a Netanyahu en varios frentes, ya que no solo no ha alcanzado sus objetivos máximos, sino que también refuerza la sensación de que Israel puede imponerse tácticamente sin traducir esa superioridad en una arquitectura regional más favorable. El analista Amos Harel considera que este es el segundo fiasco consecutivo de Netanyahu y que puede ser incluso más grave que el del 7 de octubre.
La relación entre Netanyahu y Trump también se ha tensado, ya que el presidente estadounidense parece estar molesto con las críticas lanzadas desde el entorno de Netanyahu. El analista Aaron David Miller considera que Netanyahu necesita a Trump más de lo que Trump necesita a Netanyahu, especialmente en vista de las elecciones israelíes de octubre.
La disputa sobre el Líbano se ha convertido en otro escenario visible de la tensión entre Washington y Jerusalén. Trump ha criticado públicamente la actuación israelí contra Hizbulá, mientras que Irán insiste en que la retirada total del sur del Líbano por parte del Ejército israelí es una condición del acuerdo con Washington. Netanyahu ha subrayado que sus tropas no se retirarán y que la zona de seguridad se mantendrá durante el tiempo que sea necesario.
En resumen, el acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha generado una crisis de credibilidad para Netanyahu y ha tensado la relación entre Washington y Jerusalén. La disputa sobre el Líbano se ha convertido en un laboratorio visible de la nueva fricción entre las dos potencias, donde Trump busca contención y Netanyahu insiste en preservar su libertad de acción. La ecuación es sencilla: si Israel golpea Beirut, Irán golpeará a Tel Aviv, lo que revela hasta qué punto el primer ministro israelí ya no fija los términos del juego.


