La cumbre «AI for Good» de la ONU reúne a expertos y líderes para discutir el uso responsable de la inteligencia artificial y su impacto en la humanidad. Sin embargo, la falta de consenso y la influencia de los intereses corporativos amenazan con desviar el debate.
La cumbre «AI for Good» de la ONU, organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), se llevó a cabo en un enorme centro de convenciones en Ginebra. El evento reunió a representantes de los sectores público y privado para discutir cómo aprovechar la tecnología en beneficio de la humanidad. Sin embargo, el debate se vio ensombrecido por la falta de consenso y la influencia de los intereses corporativos.
Doreen Bogdan-Martin, secretaria general de la UIT, afirmó en su discurso inaugural que «nuestra convicción de que la inteligencia artificial, si se utiliza de forma responsable, podría ayudar a resolver los problemas más acuciantes de la humanidad». Sin embargo, la pregunta de qué significa «el bien» y qué aporta a la humanidad fue una cuestión que estuvo presente a lo largo de toda la conferencia.
Los ejecutivos de Silicon Valley y los responsables de los laboratorios de IA testifican ante los legisladores en Washington sobre los riesgos de la superinteligencia, mientras que la Casa Blanca impone controles a la exportación de chips. En este contexto, la cumbre «AI for Good» se centra en objetivos más idealistas, como el uso de la IA para resolver problemas globales como el hambre, las enfermedades y el calentamiento global.
Sin embargo, la falta de transparencia y la influencia de los intereses corporativos amenazan con desviar el debate. Giulio Coppi, alto funcionario humanitario del grupo de campaña Access Now, criticó la excesiva dependencia de los sectores humanitario y público en las grandes tecnológicas. «Deberíamos haber superado la era de la inocencia», asegura Coppi, exigiendo que las organizaciones dejen de tratar a las empresas tecnológicas «como si fueran sus mejores amigas».
La cuestión del acceso a la IA también fue un tema central en el debate. Los ponentes argumentaron que la computación ya no es meramente un problema tecnológico, sino un problema de desarrollo. «Si hablamos de IA para el bien común, es decir, de computación para todos, debemos reconocer que se trata de infraestructura de desarrollo, no solo de tecnología», indica Syed Munir Khasru, presidente del Instituto de Política, Defensa y Gobernanza.
La política de las infraestructuras (quién obtiene qué y quién controla qué) estuvo presente de forma constante a lo largo de toda la cumbre. La cuestión no era solo si la IA podía hacerse segura, sino si al mundo fuera del eje EE UU-China-Europa se le permitiría siquiera dar forma a la tecnología.
Para solucionar esto, se necesitan herramientas prácticas y verificables que traduzcan los principios de alto nivel de los derechos humanos en una aplicación técnica. Jeremy Ng, asesor en materia de IA y economía digital del Banco Mundial, hace hincapié en que las evaluaciones de impacto de la IA deben convertirse en herramientas prácticas con verdadero peso, en lugar de limitarse a ser un «teatro de gobernanza» o un mero trámite para que las gigantes tecnológicas cumplan con los requisitos.
La cumbre «AI for Good» de la ONU promocionó la creación de una comisión de 44 miembros diseñada para impulsar la «IA para el bien», copresidida por el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el director ejecutivo de Salesforce, Marc Benioff. Sin embargo, la falta de consenso y la influencia de los intereses corporativos amenazan con desviar el debate y hacer que la tecnología se adelante al consenso para definir qué significa «bueno».


