La cadena hotelera española Meliá cierra sus operaciones en Cuba debido a «notables dificultades operativas». La decisión marca el final de una relación empresarial de más de tres décadas en la isla.
Un Adiós a Cuba
Meliá, una de las cadenas hoteleras más grandes del mundo, ha decidido poner fin a sus operaciones en Cuba. La compañía española, que cuenta con una cartera de 34 establecimientos en la isla, ha explicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores que la continuidad de su actividad se ha vuelto inviable debido a la acumulación de obstáculos operativos, jurídicos y financieros.
Una Crisis que se Profundiza
La escasez de combustible, los apagones prolongados, los problemas de abastecimiento, la caída de las conexiones aéreas y las crecientes dificultades para realizar pagos y transacciones internacionales han terminado por comprometer el funcionamiento normal de los establecimientos. La hotelera sostiene que estas circunstancias son ajenas a su capacidad de gestión y considera que el impacto económico inmediato de la salida será limitado.
Una Historia de Más de Tres Décadas
Meliá comenzó a operar en Cuba en 1990, en los inicios de la profunda crisis económica que atravesó la isla tras la desaparición de la Unión Soviética. Fue la primera gran cadena hotelera internacional que se instaló en el país y se convirtió en uno de los emblemas de la apertura al capital extranjero con la que el Gobierno cubano buscó desarrollar el turismo y captar divisas durante el denominado Periodo Especial.
Un Valor Simbólico Importante
La retirada de Meliá tiene un importante valor simbólico, ya que supone el final de una relación empresarial de más de tres décadas que había sobrevivido al Periodo Especial, a las sucesivas crisis económicas, al endurecimiento y la relajación de las relaciones con Estados Unidos y, finalmente, al desplome de la actividad turística posterior a la pandemia.
Una Industria en Crisis
La salida de Meliá agrava la crisis de una industria que durante décadas actuó como uno de los principales salvavidas de la economía cubana. El turismo aportaba divisas esenciales para un país altamente dependiente de las importaciones y generaba actividad en restaurantes, transportes, comercios y servicios privados vinculados a los visitantes. En 2017, Cuba alcanzó su máximo histórico, con 4,7 millones de turistas, pero desde entonces, la industria ha experimentado un declive constante.
Cifras que Hablan
En 2023, Cuba recibió alrededor de 2,4 millones de visitantes, y en 2024, la cifra descendió hasta los 2,2 millones. Un año después, en 2025, las llegadas cayeron a 1,8 millones, el peor dato en dos décadas si se excluyen los años de la crisis sanitaria, mientras que la ocupación hotelera se situó en apenas el 18,9%. El retroceso se ha acelerado durante 2026, con una caída del 55,8% en el número de turistas internacionales entre enero y abril, en comparación con el mismo período del año anterior.
Un Futuro Incierto
La retirada de Meliá y la crisis del turismo en Cuba plantean un futuro incierto para la economía de la isla. La pérdida de divisas y la disminución de la actividad económica pueden tener un impacto significativo en la calidad de vida de los cubanos y en la capacidad del país para desarrollar sus infraestructuras y servicios. La búsqueda de soluciones para revitalizar la industria turística y diversificar la economía cubana se ha convertido en un desafío prioritario para el Gobierno y los actores económicos de la isla.


