El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha anunciado que no habrá más elecciones en el país, lo que confirma la consolidación de la dictadura. La comunidad internacional condena la decisión y pide acciones contra el régimen.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha declarado que no habrá más elecciones en el país, lo que ha generado una gran preocupación en la comunidad internacional. Esta afirmación no es una sorpresa para los analistas, ya que el régimen de Ortega ha venido consolidando su poder de manera gradual desde su regreso a la presidencia en 2007.
En un acto por el 47 aniversario de la Revolución Sandinista, Ortega dijo sin tapujos que «aquí no volverá a haber elecciones». Aunque el líder de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, intentó matizar estas palabras, los analistas coinciden en que el resultado es el mismo: no habrá elecciones si no hay oposición.
La periodista nicaragüense Maryorit Guevara explica que «las declaraciones de Ortega no suponen una ruptura con la trayectoria del régimen. Es la formalización de una realidad». Guevara añade que «responde al intento de la oposición en el exilio por lograr la unidad y ser una fuerza política que llame la atención de la ciudadanía. Con esto, consolidan la dictadura y cercenan un derecho básico de la ciudadanía».
El profesor Orlando J. Pérez, especializado en Latinoamérica, coincide en que «es la confirmación oficial de algo ya consumado. Nicaragua no celebra elecciones competitivas desde hace una década». Pérez recuerda que en 2021 el régimen ilegalizó tres partidos y detuvo a siete aspirantes presidenciales antes de votar.
La oposición en el exilio espera que la presión internacional pueda hallar el camino para una transición o para la celebración de comicios. Sin embargo, el régimen de Ortega ha avanzado casi sin obstáculos en su proyecto autoritario, con una fuerte represión ejercida para acallar las voces disidentes.
La abogada y activista Ana Margarita Vijil, que fue detenida y condenada a diez años de prisión en 2021, denuncia que «el primer fraude electoral constatado fueron precisamente las elecciones del 2008, las primeras después de que Daniel Ortega llegara al poder, y a partir de ahí lo ha cometido siempre».
El país ha vivido un gran éxodo de su población, con cerca del 12% de la población obligada a abandonar el país desde 2018. La comunidad internacional ha respondido a las acciones del régimen sandinista con declaraciones y sanciones individuales, pero no ha logrado afectar la estructura de poder.
La periodista Maryorit Guevara cree que «lo que sucede en Nicaragua es una situación que deben resolver las y los nicaragüenses». Guevara asegura que no quiere que su país sea intervenido por ningún otro gobierno. Sin embargo, el opositor Juan Sebastián Chamorro subraya que Washington tiene «mucha capacidad» y apela a los intereses del país norteamericano.
En resumen, la situación en Nicaragua es crítica, con un régimen autoritario que ha consolidado su poder y ha eliminado la oposición. La comunidad internacional debe tomar medidas efectivas para presionar al régimen y restaurar la democracia en el país.


