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Argentina y la Guardia Revolucionaria Iraní: el fin de una era de ambigüedad

En un movimiento que redefine la política exterior del Cono Sur, el Gobierno de la República Argentina, bajo la administración del Presidente Javier Milei, ha oficializado hoy la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán como una organización terrorista. A través de un comunicado oficial, la Oficina del Presidente no solo establece una medida administrativa, sino que lanza un contundente mensaje geopolítico: Argentina abandona la neutralidad histórica en favor de una alineación total con las democracias occidentales.

El núcleo del comunicado reside en la memoria de las heridas más profundas del país. Al vincular directamente al CGRI con los atentados a la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994), el Gobierno busca cerrar un ciclo de impunidad que ha durado más de 30 años.

La mención explícita de Ahmad Vahidi, exministro de Defensa iraní y actual figura de peso en la Guardia Revolucionaria, subraya que para el Estado argentino, la responsabilidad de estos ataques no recae solo en células operativas como Hezbolá, sino en la estructura estatal de Teherán.

La inscripción del CGRI en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo (RePET) tiene consecuencias prácticas inmediatas que afectan el tablero de seguridad regional:

  • Bloqueo de Activos: El sistema financiero argentino queda blindado contra cualquier transacción que involucre a miembros o empresas pantalla de la Guardia Revolucionaria.
  • Restricciones de Movilidad: Se fortalece la capacidad de la Dirección Nacional de Migraciones y de la PSA para interceptar y deportar individuos vinculados a esta organización.
  • Cooperación Internacional: Argentina se suma formalmente al estándar de seguridad de países como Estados Unidos, Canadá e Israel, facilitando el intercambio de inteligencia en tiempo real.

El párrafo final del comunicado es, quizás, el más revelador. La declaración de que Argentina debe «volver a alinearse a la civilización occidental» marca el entierro definitivo del polémico Memorándum de Entendimiento de 2013 y de las posturas de acercamiento con regímenes del Eje del Mal.

Para el presidente Milei, esta decisión es una cuestión de principios morales: reconocer a los agresores por lo que son, sin matices diplomáticos. Es una apuesta de alto riesgo que, si bien puede tensar las relaciones comerciales con ciertos sectores, busca posicionar a la Argentina como un socio confiable y predecible en la lucha global contra el terrorismo.

«Este Gobierno está decidido a que la República Argentina vuelva a alinearse a la civilización occidental, mientras condena y combate de manera frontal a quienes quieren destruirla.» > — Comunicado Oficial, 31 de marzo de 2026.

Este paso obligará a las empresas con intereses en Medio Oriente a revisar sus vínculos y pondrá a prueba la capacidad de la inteligencia argentina (SIDE) para monitorear posibles represalias o actividades de células dormidas en la Triple Frontera. Hoy, Argentina ha dejado de ser un observador pasivo para convertirse en un actor activo en el complejo escenario de la seguridad global.