
Aun con retrasos e imprevistos, las sesiones extraordinarias muestran un leve cambio de estilo y de resultados para el Gobierno. La inclusión de Diego Santilli y Patricia Bullrich en la mesa política nacional le da a la escasa voluntad negociadora del Presidente una amplitud de márgenes inédita.
La baja de la edad de imputabilidad y la firma de los acuerdos con la Unión Europea y Estados Unidos son victorias necesarias, pero no tan cruciales como la aprobación de la reforma laboral. Tener un dictamen mayoritario antes del inicio de la apertura de sesiones ordinarias representaría una victoria clara para un año en el que los desafíos ya no están únicamente en el Ministerio de Economía, el Banco Central o en la redacción de los DNU.
Este año, el Gobierno se propone avanzar en el Congreso con las tres reformas que marcarán la gestión de la administración libertaria: la institucionalización de un nuevo esquema de relaciones laborales, la reforma tributaria y la sustentabilidad del régimen previsional. De estas tres, una está casi cocinada antes de comenzar.
Pero el camino despejado en 2026 para el Gobierno no depende solo de las expectativas de éxito en su agenda legislativa; también recibe del otro lado buenas noticias sobre el ordenamiento de la oposición.
Así como a Javier Milei le gusta compararse a sí mismo y a su hermana con Moisés, la apertura del «Mar Rojo» que está logrando para asegurarse el camino hacia la gobernabilidad se da por dos flancos.
Del lado de la oposición, la centralidad que está ganando Axel Kicillof es la mejor noticia para la administración libertaria. El panorama de polarización deseado tendría, del otro lado, a la versión del kirchnerismo que la opinión pública percibe como más moderada dentro del espectro peronista.
Aunque la experiencia de 2019 debería enseñarnos que los techos electorales del peronismo deben tomarse con pinzas, lo de Kicillof parece una tendencia difícil de revertir. Reúne toda la carga negativa de los gobiernos kirchneristas, sumada a los problemas derivados de los años de gestión de la provincia más grande y con mayor vulnerabilidad nominal del país.
El peronismo no kirchnerista no reniega del gobernador y está abierto a conversar, incluso dentro de un marco de disputa de alineamientos y estilos. Sin necesidad de observar todas las tendencias de la opinión pública, hay muchas que aún confían en que los riesgos de problemas económicos para el Gobierno nacional son suficientes para depositar expectativas en cualquier candidato tradicional del kirchnerismo que antagonice con los libertarios.
Del otro lado, pese a los rumores sobre la jugada de Mauricio Macri para 2027, la única posibilidad concreta es la candidatura del outsider Dante Gebel. El revuelo generado por el comunicador debería ser una señal para el peronismo de que existen opciones fuera de las figuras tradicionales, y que un discurso humanista, con sentido de comunidad, puede ganar terreno si se comprenden las nuevas dinámicas que llegaron para quedarse en la política.
Mientras tanto, el orden político y las recientes movidas de la oposición contribuyen a que el punto débil del Gobierno (las relaciones dentro del triángulo de hierro) cuente con un marco de estabilidad, lo que se materializa como otro factor que allana el camino para un año lleno de posibilidades.


