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Irán confirma la reapertura del estrecho de Ormuz bajo el cese del fuego

En un movimiento que descomprime la tensión energética global, el régimen de Irán confirmó que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto para el tránsito...
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El bloqueo en Ormuz reconfigura el mercado petrolero y posiciona a América Latina

La escalada de tensión en Medio Oriente está forzando una reingeniería profunda del tablero energético global. El bloqueo del Estrecho de Ormuz, un paso vital por donde históricamente circula casi el 20% del crudo mundial, dejó de ser una amenaza teórica para convertirse en un cuello de botella real que obliga a exportadores e importadores a trazar rutas de emergencia.

Este corredor marítimo es, por definición, el punto más sensible de la infraestructura petrolera internacional. En tiempos de normalidad, cerca de 20 millones de barriles diarios atraviesan sus aguas para abastecer, principalmente, a las potencias industriales de Asia. Sin embargo, la parálisis actual es evidente: según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), unos 350 petroleros permanecen inmovilizados en las cercanías del estrecho, mientras que apenas 80 buques han logrado completar el tránsito desde el inicio de las hostilidades.

Ante el riesgo de que los buques se conviertan en objetivos militares —tras las advertencias de Irán hacia naves de Estados Unidos y sus aliados—, los productores del Golfo intentan derivar su carga por tierra. No obstante, la capacidad de maniobra es limitada.

Solo Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con infraestructura para esquivar el bloqueo. El reino saudí ha intensificado el uso del oleoducto que conecta Abqaiq con el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, logrando un récord de 5,9 millones de barriles diarios en marzo, una cifra muy superior a su promedio habitual. Por su parte, los Emiratos utilizan el puerto de Fujairah para salir directamente al Golfo de Omán.

Pese a estos esfuerzos, la consultora Kpler advierte que estas alternativas solo logran cubrir una fracción del flujo habitual. En términos netos, las exportaciones de la región se encuentran hoy en apenas un tercio de sus niveles normales, lo que mantiene una presión alcista sobre los precios.

En este escenario de escasez y desvío de rutas, América Latina emerge como un actor con potencial de beneficio. A diferencia de Europa o Asia, las principales economías de la región son exportadoras netas de energía o poseen matrices diversificadas.

Un análisis de Capital Economics señala que países como Argentina, Brasil, Guyana, Colombia y Venezuela podrían ver una mejora sustancial en sus términos de intercambio. El alza del precio del barril, que tras el conflicto abandonó la proyección de u$s60 para oscilar en una banda volátil de entre **u$s80 y u$s120**, fortalece las balanzas comerciales de los productores regionales.

En el caso particular de la Argentina, el desarrollo de Vaca Muerta cobra una relevancia geopolítica renovada. Con la capacidad de producción en aumento y la infraestructura de exportación en expansión, el país se posiciona como un proveedor confiable frente a la inestabilidad de Eurasia. Además, la fuerte presencia de energías renovables e hidroeléctrica en la región actúa como un «colchón» que reduce la vulnerabilidad interna ante los choques de precios externos.

La crisis está obligando a las refinerías asiáticas a mirar hacia la Cuenca Atlántica. Se espera un incremento en las compras de crudo proveniente de Estados Unidos, África Occidental y Sudamérica. Sin embargo, este cambio no es gratuito: las rutas hacia Asia desde el Atlántico son más extensas, demandan más tiempo de navegación y requieren una mayor flota de buques, en un mercado de fletes que ya opera al límite de su capacidad.

Lo que queda claro es que la geopolítica ha vuelto a tomar el control de las pizarras de cotización. Mientras el Estrecho de Ormuz permanezca bajo sombra de conflicto, el mundo energético seguirá buscando en el sur del continente americano una alternativa de estabilidad.