El Palacio de Hacienda cerró el primer bimestre del año con un superávit primario del 0,4% del PBI, una cifra que le permite al Ejecutivo nacional dar por cumplida, de forma anticipada, la meta fiscal que el Fondo Monetario Internacional (FMI) había fijado para el cierre de marzo. Según los datos oficiales, el excedente acumulado alcanzó los $4,5 billones, superando los $4,2 billones comprometidos con el organismo multilateral en la última revisión técnica.
La particularidad de febrero reside en que el equilibrio de las cuentas públicas se sostuvo exclusivamente mediante una poda drástica de las erogaciones. A diferencia de enero, donde el ingreso por la privatización de las represas del Comahue oxigenó la caja, el segundo mes del año estuvo marcado por una caída real de los ingresos del 8,9% interanual. Esta merma se explica, en gran medida, por la desgravación impositiva en sectores de altos ingresos, afectando la recaudación de Bienes Personales, retenciones y el remanente del Impuesto PAIS.
La profundidad del ajuste
Para compensar la menor recaudación, el gasto primario registró una baja del 8,8% real interanual. De acuerdo con el análisis de consultoras privadas como el Iaraf y LCG, el recorte no fue uniforme, pero sí generalizado en áreas sensibles:
- Obra pública: Registró un desplome del 19,4% real anual.
- Transferencias a provincias: Cayeron un 47,4%, consolidándose como uno de los principales focos de ajuste.
- Salarios estatales: Con una incidencia del 13,9% en el gasto total, los haberes del sector público retrocedieron un 7,9% en términos reales.
- Programas sociales: Si bien el rubro general bajó un 7,4%, partidas específicas como el Progresar, Volver al Trabajo y Políticas Alimentarias sufrieron recortes reales cercanos al 32%.
Como contrapartida, las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares —que cuentan con mecanismos de actualización automática— mostraron una leve recuperación real de entre el 2% y el 6% anual, tras meses de fuerte rezago frente a la inflación.
Proyecciones y exigencias del FMI
El ritmo del ajuste se aceleró notablemente en febrero. Mientras que en enero la reducción del gasto había sido de apenas el 0,7%, el mes pasado saltó al 8,8%. Economistas del Grupo SBS destacan que, en términos desestacionalizados, el gasto primario cayó un 3,7% solo entre enero y febrero, lo que refleja una profundización de la política de «motosierra».
Con estos números, el Gobierno ya cubrió casi un tercio del objetivo de superávit primario del 1,5% del PBI trazado en el Presupuesto 2026. Sin embargo, el desafío político y económico persiste: el FMI ha dejado entrever que espera un superávit del 2,2% para fin de año, una vara significativamente más alta que la autopropuesta por el equipo económico nacional.


