En un despliegue de pragmatismo que busca despegarse de la urgencia judicial del Instituto Patria, Carlos Bianco, principal ladero de Axel Kicillof, enfrió las expectativas sobre un posible indulto a Cristina Kirchner. El ministro de Gobierno bonaerense fue tajante al supeditar cualquier salvataje legal a una victoria electoral, enviando un mensaje interno claro: la prioridad del gobernador es recuperar el poder central antes que resolver el frente penal de la expresidenta.
«Hay que poner un presidente antes de pensar un indulto. Preocupémonos porque haya un presidente peronista», sentenció Bianco en declaraciones radiales. Con una frialdad técnica que golpea el relato de la «persecución», el funcionario recordó que aceptar un perdón presidencial implicaría que la propia Cristina reconozca su culpabilidad en las causas de corrupción por las que fue condenada, un costo político que el ala dura del kirchnerismo aún no está dispuesta a pagar.
A contramano del discurso de «proscripción» que intenta instalar La Cámpora para victimizar a su jefa, Bianco marcó una distancia estratégica. Afirmó que «el peronismo no está proscripto» y calificó como un error de inteligencia política la posibilidad de que el partido no presente candidatos propios debido a la situación procesal de la exmandataria.
La interna en la provincia de Buenos Aires está al rojo vivo. Tras la reciente asunción de Kicillof al frente del PJ bonaerense —acto que contó con el desplante explícito de Máximo Kirchner—, Bianco intentó disfrazar las ambiciones presidenciales del gobernador como una etapa de «organización» y no como un lanzamiento formal. Según el ministro, la orden en La Plata es no hablar de nombres propios hasta el 2026, año que definió como el de la «construcción».
Sin embargo, el operativo «Axel 2027» es un secreto a voces en los pasillos de la gobernación. Pese a los intentos por mostrar una gestión enfocada en lo provincial, Bianco terminó por blanquear la centralidad de su jefe político al afirmar que si todo el arco opositor lo señala como el candidato natural, «por algo debe ser». Mientras el kirchnerismo residual se desgasta en la resistencia judicial, Kicillof empieza a medir los trajes para la Casa Rosada.


