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El plan económico de Martínez de Hoz: a 50 años del anuncio que marcó una era

Reflexión 24 de marzo

El 2 de abril de 1976, apenas unos días después del golpe de Estado, el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, ocupó la cadena nacional durante más de dos horas y media. Aquella noche de viernes —una estrategia para evitar que los mercados reaccionaran hasta el lunes— se presentaron los lineamientos del programa económico de la Junta Militar, un plan que buscaba una transformación estructural bajo las banderas de la libertad de mercado y la desregulación.

Para entender el impacto de las medidas, es necesario recordar el contexto de una Argentina asfixiada. El país arrastraba las esquirlas del «Rodrigazo» de 1975, con una inflación que ese año había saltado al 183% y que, en términos anualizados, llegó a tocar picos del 1.000% hacia el tercer trimestre.

Según registros históricos y datos analizados por economistas como Domingo Cavallo, el déficit fiscal representaba un inédito 16% del PBI, mientras que las reservas del Banco Central estaban exhaustas: apenas 23 millones de dólares, cifra que no alcanzaba para cubrir siquiera un día de vencimientos externos. En las calles, el desabastecimiento, los cortes de energía y una violencia política extrema terminaron por configurar un escenario de vacío de poder que una parte de la sociedad, agotada, recibió con una expectativa de orden.

El programa, que Martínez de Hoz definió como de «recuperación, saneamiento y expansión», se basó en un decálogo donde la palabra libertad fue el eje central. Los puntos principales incluían:

  • Liberación de precios y alquileres: Eliminación de los controles estatales para fomentar la oferta.
  • Reforma cambiaria y comercial: Fin del monopolio estatal en exportaciones de granos y carnes, y un plan de reducción arancelaria a cinco años para abrir la importación.
  • Reforma financiera: Liberación de las tasas de interés y apertura del sector a la competencia internacional.
  • Reducción del Estado: Eliminación de subsidios y de las llamadas «tarifas políticas» en servicios públicos.

Este giro hacia el liberalismo no era un fenómeno aislado. Coincidía con el ascenso global de las ideas de Friedrich von Hayek y Milton Friedman (Nobeles en 1974 y 1976), quienes cuestionaban el intervencionismo estatal. Mientras Chile ya servía de laboratorio para los Chicago Boys, Argentina iniciaba su propio experimento.

Quizás el cambio más profundo fue la Reforma Financiera de 1977. Se pasó de un sistema centralizado a uno donde los bancos comerciales tenían libertad casi total de acción. Esto disparó el número de entidades: en dos años, los bancos casi se duplicaron, llegando a 220.

Sin embargo, esta apertura, sumada a la libre movilidad de capitales, dio origen al fenómeno del «hot money» o capitales golondrina. La combinación de altas tasas de interés y un dólar que empezaba a quedar retrasado —especialmente tras la implementación de la famosa «Tablita» cambiaria en 1978— gestó la época de la «Plata Dulce». El esquema permitía a los ahorristas obtener ganancias extraordinarias en dólares que luego se destinaban al consumo de productos importados (el recordado «deme dos»).

Un final anunciado

El plan, que nació con aires de «modernización», comenzó a mostrar fisuras graves a finales de la década. El atraso cambiario destruyó gran parte del aparato productivo nacional, incapaz de competir con la ola de importaciones.


Dato Clave: El equipo económico de aquel entonces estaba integrado por figuras como Guillermo Klein, Juan Alemann y asesores como Ricardo Arriazu. Muchos de los debates sobre el déficit y la emisión que planteaban entonces resuenan con una vigencia sorprendente en la actualidad.