Una investigación periodística internacional basada en documentos secretos de inteligencia expuso el funcionamiento de “La Compañía”, un grupo de espionaje ruso que desplegó una sofisticada campaña de «guerra híbrida» en Argentina. El objetivo principal de estas operaciones, ejecutadas durante 2024 y 2025, fue desgastar la figura de Javier Milei, fomentar fracturas en el oficialismo y entorpecer la política exterior del país, especialmente en su acercamiento a Estados Unidos y Ucrania.
La filtración, que incluye 76 documentos sensibles procesados por medios como The Continent, openDemocracy y el portal argentino Filtraleaks, revela que Argentina fue el país de América Latina y África donde el Kremlin realizó el mayor desembolso económico para desinformación: más de 283.000 dólares solo entre junio y octubre de 2024.
«La Compañía» no es un actor nuevo, sino una evolución del Grupo Wagner tras la muerte de su líder, Yevgeny Prigozhin. Según los reportes, la estructura quedó bajo la órbita de la inteligencia militar rusa (GRU) y el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), dirigido por Sergei Naryshkin.
Esta agencia es la misma que coordinó a los espías «ilegales» detenidos en Eslovenia que vivieron una década en el barrio porteño de Belgrano. En esta nueva etapa, el agente Alexey Evgenievich Shilov fue identificado como el responsable de organizar operaciones sociopolíticas para desacreditar la postura pro-ucraniana del gobierno argentino.
El modus operandi consistió en inyectar contenido en medios digitales locales a través de intermediarios. La investigación detectó más de 250 artículos publicados en una veintena de portales nacionales. Las notas solían ser ofrecidas de forma gratuita por supuestas agencias o consultoras, una oferta atractiva para medios con redacciones precarizadas.
Entre los hallazgos más sorprendentes figuran:
- Autores artificiales: Se descubrieron firmas como la de «Gabriel di Taranto», cuyas fotos de perfil fueron generadas por inteligencia artificial (software Nvidia) y cuyos títulos académicos resultaron ser falsos.
- Noticias fabricadas: Un ejemplo emblemático fue la difusión de un supuesto plan de sabotaje terrorista de Milei contra un gasoducto en Chile. La historia, que resultó ser totalmente falsa, figuraba en los documentos rusos como una operación diseñada específicamente para generar tensión diplomática con el gobierno de Gabriel Boric.
- Influencers y TV: Los archivos mencionan pagos de 4.000 dólares por «transmisiones en la TV argentina» y el monitoreo de más de 50 cuentas en redes sociales que habrían recibido aportes.
Consultados por el consorcio investigativo, los editores y directores de los medios mencionados negaron cualquier vinculación directa con el Kremlin. La mayoría coincidió en que los textos llegaban a través de «prenseros» o intermediarios vinculados a sectores opositores o empresarios de la construcción, sin que se pudiera rastrear fehacientemente el origen del financiamiento ruso en la última milla del pago.
A nivel oficial, la Casa Rosada ya había tomado nota de estas maniobras en junio de 2025, cuando denunció a cinco ciudadanos rusos residentes en el país por tareas de financiamiento y coordinación de actividades sospechosas en favor de Moscú.


