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Irán confirma la reapertura del estrecho de Ormuz bajo el cese del fuego

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Guerra con Irán: crecen las diferencias estratégicas entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu

Tras casi tres semanas de hostilidades abiertas, la alianza entre Estados Unidos e Israel frente a Irán comienza a mostrar fisuras profundas. Lo que inicialmente se presentó como un frente unido ha derivado en una divergencia de objetivos que quedó expuesta esta semana, luego de que las fuerzas israelíes ejecutaran un ataque de gran envergadura contra el campo de gas de South Pars, en la localidad iraní de Asaluyeh.

La ofensiva no solo provocó represalias inmediatas de Teherán contra los Estados del Golfo, sino que disparó las alarmas sobre el suministro energético global y generó una escalada en los precios internacionales del combustible. La reacción de la Casa Blanca fue errática: en un principio, el presidente Donald Trump aseguró que su administración «no sabía nada» de la operación, para luego rectificar y afirmar que había advertido a Israel sobre las consecuencias de golpear dicho complejo.

Este cruce de versiones evidencia que Washington y Jerusalén ya no leen el conflicto bajo el mismo prisma. Para Estados Unidos, la prioridad reside en su rol de superpotencia con responsabilidades globales. La estabilidad del flujo comercial en el Estrecho de Ormuz y la seguridad de sus aliados árabes en el Golfo son vitales. A esto se suma un factor de política interna determinante: con las elecciones de mitad de término en el horizonte, el gobierno de Trump no puede permitirse un aumento sostenido en el precio de la nafta que afecte el bolsillo del electorado estadounidense.

Por el contrario, Israel opera bajo la lógica de una potencia regional que enfrenta lo que considera una amenaza existencial. Con recursos propios de gas natural y una escasa dependencia de las rutas marítimas del Golfo, el gobierno de Netanyahu prioriza el desmantelamiento de la capacidad militar iraní. Para Jerusalén, el peligro real no es el precio del barril, sino el programa nuclear de Teherán y su avanzado arsenal de misiles balísticos.

Analistas internacionales coinciden en que esta desconexión era previsible. Aaron David Miller, exnegociador estadounidense para Medio Oriente, señala que las evaluaciones de riesgo de una potencia global y una regional son, por naturaleza, distintas. En la misma línea, expertos del Brookings Institution advierten que la capacidad de resistencia y los costos que cada nación está dispuesta a asumir difieren drásticamente a medida que el conflicto se prolonga.

Mientras el humo persiste sobre las refinerías de Asaluyeh, la pregunta que recorre las cancillerías es hasta qué punto la administración Trump podrá contener a un aliado que, sintiéndose amenazado en su propia frontera, parece decidido a actuar por cuenta propia, sin importar el impacto en la economía mundial.