La actividad económica en China experimentó una marcada pérdida de dinamismo durante el mes de abril. La desaceleración de la producción manufacturera y una fuerte retracción en el consumo interno —que arrastró las ventas minoristas a sus registros más bajos en más de tres años— configuraron un escenario complejo para la segunda economía del planeta. Este enfriamiento responde principalmente a la debilidad de la demanda local y al impacto del encarecimiento energético derivado del conflicto bélico en Irán.
A pesar de que el sector exportador mostró un desempeño superior a lo previsto y Pekín implementó controles sobre los precios domésticos de los combustibles para amortiguar la crisis energética, la suba de los costos de los insumos genera preocupación. Los analistas advierten que esta presión sobre los costos amenaza con achicar los ya debilitados márgenes de ganancia de las fábricas y resentir aún más el bolsillo de los consumidores si las tensiones geopolíticas se prolongan.
De acuerdo con los datos oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS), la producción industrial registró una expansión interanual del 4,1% en abril. La cifra representa una clara desaceleración respecto al 5,7% alcanzado en marzo y quedó por debajo del 5,9% proyectado por los analistas del mercado, marcando el ritmo de crecimiento más bajo desde julio de 2023. Al respecto, Zhiwei Zhang, presidente y economista jefe de Pinpoint Asset Management, señaló que la solidez de las exportaciones ayudó a moderar la flaqueza de la demanda interna, aunque no logró compensarla por completo.
El repunte de los despachos al exterior estuvo impulsado por un apuro de las fábricas por responder a pedidos vinculados con la industria de la inteligencia artificial y por el aprovisionamiento preventivo de componentes ante el temor de nuevas subas de costos globales por el conflicto en Oriente Medio. En este contexto, Zhang estimó que las autoridades chinas mantendrán cautela y esperarán a los resultados del Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre, en julio, antes de evaluar eventuales giros en su política económica.
Por el lado del consumo, las ventas minoristas reflejaron un estancamiento severo al avanzar apenas un 0,2% interanual en abril, muy lejos del 1,7% de marzo y del 2% esperado por los mercados. Se trata del incremento más acotado desde diciembre de 2022. La retracción se hizo visible en el sector automotor, donde las ventas internas se desplomaron un 21,6%, acumulando su séptimo mes consecutivo a la baja, lo que obligó a las terminales locales a focalizarse en los mercados externos.
Yuhan Zhang, economista principal del Centro de China del Conference Board, explicó que los hogares muestran un comportamiento dual, concentrando sus recursos en tecnología o pequeñas mejoras de estilo de vida, mientras evitan los gastos de alto valor financiados con crédito, especialmente los ligados al sector inmobiliario.
En otros indicadores económicos del periodo:
- Desempleo: La tasa de desocupación urbana basada en encuestas mostró una leve mejora, descendiendo al 5,2% frente al 5,4% de marzo.
- Inversión en activos fijos (FAI): Registró una contracción del 1,6% en el acumulado de los primeros cuatro meses del año, contrastando con el avance del 1,7% del primer trimestre.
- Producción de acero: La fabricación de acero bruto acompañó la caída de la inversión con un retroceso interanual del 2,8%.
Desde Goldman Sachs, el economista Lisheng Wang atribuyó parte de la caída en la inversión a una menor demanda crediticia y a factores climáticos adversos, como las intensas lluvias en el sur de China, sumado a las habituales correcciones estadísticas de la NBS. Por su parte, los mercados financieros del gigante asiático operaron estables, con los inversores enfocados en la volatilidad de los bonos globales y la situación en Oriente Medio.
La publicación de estos balances coincide con el cierre de la visita oficial del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Pekín. Si bien la cumbre sirvió para descomprimir las tensiones bilaterales mediante acuerdos para flexibilizar el comercio agrícola y revisar barreras arancelarias, los avances estructurales en materia de inversiones recíprocas resultaron limitados. Ante la coyuntura global, la cúpula del gobierno chino ratificó su estrategia de priorizar la seguridad energética, la independencia tecnológica y el blindaje de sus cadenas de valor frente a shocks externos.
Tras haber registrado un crecimiento del 5,0% en el primer trimestre —ubicándose en el techo de la meta anual fijada por Pekín de entre el 4,5% y el 5,0%—, la economía china enfrenta ahora una evolución heterogénea. Mientras el mercado inmobiliario sigue deprimido a pesar de sutiles signos de estabilización en los precios de las viviendas nuevas, firmas como ING anticipan un trimestre más lento. Lynn Song, economista jefe de la entidad para China, advirtió que la combinación de menor crecimiento y presiones inflacionarias complicará las decisiones oficiales, lo que podría obligar al gobierno a acelerar planes de estímulo si los indicadores no muestran una pronta mejoría.


