La recomposición de las arcas del Banco Central es una tarea que no admite soluciones mágicas ni velocidad extrema. Si bien existe un consenso generalizado sobre cómo unas reservas robustas funcionan como escudo ante crisis externas, desde el FMI lanzaron una advertencia clara: tomar atajos para acumular dólares puede ser un remedio peor que la enfermedad.
En lo que va del año, la autoridad monetaria argentina logró adquirir más de 3.000 millones de dólares, una cifra que trajo algo de alivio a los mercados tras meses de sequía. Sin embargo, el ritmo de compras mostró una desaceleración en marzo, sumando menos de 300 millones en la primera quincena. Esta cautela parece sintonizar con el mensaje que el presidente Javier Milei le transmitió recientemente a Santiago Bausili, titular del BCRA: la prioridad es sumar divisas, pero sin descuidar el impacto inflacionario que esa emisión de pesos podría generar.
En este contexto, Pierre-Olivier Gourinchas, Director de Investigaciones del Fondo Monetario Internacional, trazó una serie de lineamientos técnicos que funcionan como una hoja de ruta para economías emergentes como la nuestra. Según el economista francés, la acumulación de reservas debe ser un proceso orgánico y sostenido, evitando caer en la tentación de la «ingeniería financiera» o el endeudamiento a corto plazo para inflar los números del Balance.
El riesgo de los atajos y la «fábula de la cigarra»
Gourinchas apeló a la clásica fábula de Esopo para graficar la situación: los países con reservas escasas son como la cigarra que bailó en verano y se encontró desprotegida al llegar el invierno. Para el directivo del Fondo, la falta de liquidez deja a los Estados sin margen de maniobra cuando los mercados internacionales les dan la espalda.
Entre los puntos clave que el organismo sugiere tener en cuenta, destacan:
- Superávit como base: La acumulación genuina debe nacer de saldos comerciales positivos y disciplina fiscal, no de préstamos volátiles.
- Cuidado con la inflación: Comprar dólares implica volcar pesos a la calle. Si esa masa monetaria no se gestiona correctamente, el riesgo de acelerar los precios es inminente.
- Consenso político: Las experiencias de los años 80 y 90 demostraron que los planes de estabilización fracasan si no hay un acuerdo social sobre la importancia de la disciplina macroeconómica.
El costo de «asegurarse»
Un punto no menor que señala el FMI es que mantener dólares en el Banco Central es caro. Al ser activos de alta liquidez y bajo riesgo, su rentabilidad suele ser inferior a otras inversiones, lo que genera un «costo de oportunidad» que a veces desalienta a los gobiernos.
Ante esto, Gourinchas propone explorar mecanismos globales que permitan a los bancos centrales acceder a carteras de inversión más diversificadas y rentables, reduciendo el costo del «autoseguro». Para la Argentina, el desafío sigue siendo el mismo: transitar el largo camino de la estabilidad sin ceder a la urgencia de los números inmediatos, entendiendo que la resiliencia económica se construye con tiempo y, sobre todo, con divisas propias.


