En el marco del cierre de la cena anual de la Fundación Libertad, el presidente Javier Milei brindó un extenso discurso donde ratificó el rumbo económico de su gestión, defendió el ajuste fiscal y lanzó duras críticas hacia la oposición y ciertos sectores del análisis económico. El evento, que reunió a la cúpula empresarial y política del país, contó también con la participación del exmandatario Mauricio Macri, quien precedió al jefe de Estado en el uso de la palabra.
Acompañado por figuras clave de su entorno, como la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos (quien sucedió en el rol político a la estructura inicial de gabinete), el Presidente inició su intervención con un fuerte mensaje geopolítico. Milei expresó su repudio al reciente intento de ataque contra Donald Trump, vinculando el episodio con lo que denominó un «auge de la violencia política de izquierda» a nivel global, asegurando que quienes no aceptan las derrotas electorales «no son compatibles con la democracia».
Para Milei, el éxito de su programa no depende únicamente de las planillas de Excel, sino de una disputa ideológica constante. En ese sentido, destacó el rol de instituciones liberales para dar la «batalla cultural», argumentando que el marxismo logró reconstruirse tras la caída del Muro de Berlín. «No solo se trata de gestión; les empezamos a ganar en las urnas y eso los tiene violentos», disparó.
Al abordar la situación económica, el mandatario defendió el recorte del gasto público como una herramienta moral. Según sus cifras, el ajuste permitió devolverle a los argentinos cerca de 15 puntos del PBI, reduciendo el tamaño del sector público nacional a niveles históricos.
«Pasarle la cuenta de la fiesta presente a nuestros hijos es inmoral. Nosotros hicimos el ajuste bajando el gasto, no subiendo impuestos, que es un robo a la propiedad», afirmó.
Uno de los puntos más técnicos de su discurso se centró en la hoja de balance del Banco Central (BCRA). Milei sostuvo que, a diferencia de planes históricos como el Plan Bonex, su administración logró sanear las cuentas sin vulnerar los derechos de propiedad. Según el Presidente, la relación deuda-producto cayó drásticamente del 100% al 40% al considerar la deuda neta del sector público.
«Argentina está en un sendero de solvencia. Vamos a honrar las deudas y el riesgo país se va a destrozar», vaticinó el libertario, asegurando que el país ya no necesita generar nueva deuda, sino simplemente garantizar el rollover de los compromisos existentes.
Fiel a su estilo confrontativo, Milei no ahorró calificativos para los economistas y consultores que cuestionaron su programa. Los acusó de «deshonestidad intelectual» y de haber fallado sistemáticamente en sus predicciones desde el inicio de su mandato. Además, denunció un intento de «sabotaje» parlamentario mediante leyes que buscaban quebrar el equilibrio fiscal, lo que habría provocado corridas cambiarias que el Gobierno logró resistir.
Hacia el final, el Presidente se mostró optimista respecto a la evolución de los precios. Si bien reconoció factores externos y estacionales que afectaron el primer trimestre, aseguró que «la inflación va a caer» y que la economía comenzó a mostrar signos de reactivación a partir de abril, impulsada por la recuperación del crédito y el capital de trabajo. «No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia», concluyó.


