El Gobierno nacional dio un paso decisivo en la reconfiguración del sistema de servicios públicos. A través de la firma del Decreto 318, el presidente Javier Milei formalizó la designación del directorio que conducirá el nuevo Ente Nacional del Gas y la Electricidad (ENRGE). Esta medida marca el inicio del fin para el Enargas y el ENRE, los dos organismos históricos que, tras décadas de funcionamiento independiente, se fusionarán en una sola estructura de control.
La conformación de este organismo único estaba contemplada en la Ley de Bases aprobada en julio de 2024. Sin embargo, su puesta en marcha sufrió diversas postergaciones operativas. Con la publicación del decreto en el Boletín Oficial, se inicia un complejo proceso administrativo y técnico para integrar a los equipos de ambos entes bajo una misma conducción.
Al frente del flamante ENRGE se encontrará el abogado Néstor Marcelo Lamboglia, quien se venía desempeñando como interventor del ENRE. Lamboglia tendrá un mandato de cinco años. La vicepresidencia, en tanto, será ocupada por Vicente Serra por un período de cuatro años. El directorio se completa con tres vocales: el economista Marcelo Alejandro Nachon (actual interventor del Enargas), la abogada Griselda Lambertini y el ingeniero Sergio Falzone.
Los nombres elegidos son el resultado de un concurso público iniciado en octubre pasado. Un comité de expertos —integrado por Osvaldo Rolando, Marita Crespo y Santiago Urbiztondo— fue el encargado de preseleccionar las ternas que luego fueron analizadas por la secretaria de Energía, María Tettamanti, y el ministro de Economía, Luis Caputo.
A pesar del avance institucional, el nacimiento del ENRGE no está exento de tensiones internas. En los últimos días, trascendieron diferencias de criterio entre Lamboglia y Nachon respecto a la política de personal. El punto de conflicto surgió tras la decisión de la intervención del Enargas de renovar 73 contratos y promover pases a planta permanente antes de la fusión definitiva.
Mientras que Lamboglia sostiene una postura de austeridad, sugiriendo congelar movimientos de personal y prescindir de cuerpos de asesores externos para apoyarse en la estructura de línea, en el sector del gas hubo movimientos que fueron leídos como un intento de blindar a ciertos equipos técnicos. Estas asperezas marcan el desafío inmediato del nuevo directorio: unificar dos culturas institucionales distintas en un contexto de fuerte ajuste del gasto público y readecuación tarifaria.


