El presidente Javier Milei utilizó sus redes sociales este domingo para enviar un mensaje de fuerte respaldo a su programa económico. Bajo el título «Reflexión de domingo», el mandatario cuestionó los diagnósticos negativos sobre la situación actual del país y apeló a la calma cambiaria como el principal argumento para rebatir las críticas de la oposición y de diversos sectores analíticos.
«Si al país le fuera ‘tan mal’ como dicen, ¿acaso el dólar no subiría desenfrenadamente?», disparó el Jefe de Estado. En su análisis, Milei subrayó que, históricamente, cada crisis argentina estuvo precedida o acompañada por un colapso de la moneda local, un fenómeno que no se está observando en el escenario actual. Para el Ejecutivo, la ausencia de una corrida cambiaria es el indicador más fiel de que el mercado confía en el programa de ajuste y saneamiento que lleva adelante el Palacio de Hacienda.
El Presidente también buscó poner en perspectiva el desempeño de la Argentina frente al contexto global. Aseguró que, a pesar de los shocks externos, tanto el índice Merval como el peso argentino han mostrado una performance superior a la de otros mercados emergentes. Además, hizo especial hincapié en la reducción del Riesgo País, que se sitúa en torno a los 550 puntos básicos, contrastándolo con los picos cercanos a los 2.000 puntos que se registraban ante escenarios de inestabilidad internacional en gestiones anteriores.
La estrategia de comunicación de la Casa Rosada, reforzada diariamente por el vocero Manuel Adorni, se apoya en una «pax cambiaria» que ha permitido al Banco Central acumular reservas y mantener a raya los dólares paralelos. Según el mandatario, este fenómeno es el resultado directo de haber «ordenado el desastre heredado».
«La única razón por la que esta vez está siendo diferente es precisamente porque hemos ordenado las cuentas», afirmó Milei, proyectando que Argentina se encamina a ser la nación con mayor crecimiento económico de la región.
A pesar del optimismo oficial y de la mejora en las variables financieras, el debate en la calle y en las consultoras privadas mantiene un tono más cauteloso. Si bien la inflación muestra una tendencia a la desaceleración —tras el pico de diciembre y enero—, la contracara es una fuerte caída en el consumo interno y una retracción de la actividad industrial y de la construcción.
Para muchos economistas, el desafío del Gobierno ahora es lograr que los indicadores positivos de las pizarras de la City porteña se trasladen al bolsillo de los ciudadanos y a la reactivación de los sectores productivos, que aún sufren el impacto de la pérdida del poder adquisitivo y el freno a la obra pública. Por ahora, Milei se mantiene firme en su diagnóstico: si el dólar no vuela, el plan está funcionando.


