La reorganización de la empresa estatal bajo la Secretaría de Asuntos Nucleares busca profesionalizar la gestión operativa y facilitar la transición hacia un modelo de propiedad mixta.
El Gobierno Nacional ha formalizado una reestructuración de mando en Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA), tras el traspaso de la titularidad de sus acciones desde la Secretaría de Energía hacia la órbita de la Secretaría de Asuntos Nucleares. La medida fue ratificada mediante una asamblea que designó a un nuevo Directorio, cuyo mandato técnico es claro: garantizar la seguridad operativa, finalizar la extensión de vida de Atucha I e iniciar el proceso de incorporación de capital privado.
Desde una óptica institucional, el cambio de mando sugiere una transición del modelo de gestión política hacia uno de gestión por resultados. En empresas de alta complejidad técnica, la eficiencia suele verse comprometida cuando los incentivos estatales priorizan objetivos de corto plazo sobre la inversión y la seguridad. El ingreso de actores privados no solo aporta financiamiento, sino que introduce mecanismos de control y eficiencia propios del mercado.
Perfil técnico y especialización sectorial
La nueva conducción refleja una prioridad por la idoneidad técnica en áreas críticas del conocimiento disperso sectorial. La presidencia será ejercida por el bioquímico Juan Martín Campos, especialista en seguridad nuclear con dos décadas de experiencia en la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y formación en el Departamento de Energía de los Estados Unidos.
La estructura del Directorio se completa con perfiles de carrera:
- Vicepresidencia: El ingeniero Martín Porro (actual presidente de la CNEA), experto en sistemas nucleares mecánicos.
- Operación: El ingeniero Diego Garde, responsable del complejo Atucha I-II, enfocado en la continuidad de la generación.
- Transformación Societaria: El abogado Javier Grinspun, especializado en derecho administrativo y corporativo.
El proceso de capitalización
La presencia de Diego Chaher, titular de la Agencia de Transformación de las Empresas Públicas, en el Directorio, marca la hoja de ruta hacia la privatización parcial. Su rol es estrictamente institucional: adaptar la estructura jurídica de la compañía para la entrada de inversores.
La incorporación de capital privado en sectores estratégicos no representa una pérdida de soberanía, sino una ganancia en previsibilidad económica. Un sistema energético que depende exclusivamente del erario público está sujeto a las arbitrariedades presupuestarias del poder político de turno; por el contrario, la propiedad privada obliga a una rendición de cuentas basada en la rentabilidad y la preservación del capital a largo plazo.


